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Ciudades Imposibles

Gonzálo Valdez Medellín
Fecha: 27 de agosto de 2015

Ciudades imposibles: vivificaciones poéticas Artículo Publicado en la Revista Siempre el 20 de diciembre de 2009 Gonzalo Valdés Medellín El teatro de Daniel Serrano (Magdalena de Kino, Sonora, 1968) incide en esa búsqueda de las más recientes generaciones de dramaturgos en México por encontrar un perfil que lejos de quedarse en el mero regionalismo, alcance a asir un discurso universal y una formalidad que quiebre todo preconcepto.

Por ello mismo, la dramaturgia de Serrano aun ubicada en terrenos de la provincia mexicana, prácticamente del norte de la República, toda vez aspira a encontrar personajes y circunstancias que no se queden en el parámetro regionalista, acartonado o maniatado a sus propias convenciones. Eso ha conducido al autor a concebir un teatro de no fácil representación, pues requiere no sólo de una visión aguda y compenetrada de los directores, sino de una entrega actoral alejada por entero de los estereotipos rurales y/o regionalistas.

En el libro Ciudades imposibles (Editorial Artificios, Mexicali, Baja California, México, 2009; 240pp.) Serrano reúne su trilogía París detrás de la puerta, Roma al final de la vía y Berlín en el desierto, textos de enorme aliento dramático que no se impiden explorar en paralelo el género de la comedia a través de un humor corrosivo, de pronto sempiterno, pero que cala hondo en la conciencia.

Y bien vale hacer notar lo expuesto por Sergio Zurita la nota de presentación, cuando asegura que estas obras son “teatro en su más puro estado”. No le falta razón al comentarista, porque al crear Serrano microcosmos con personajes de redondez absoluta y psicológica complejidad a través de un entramado de sencillos diálogos, pero profundas reflexiones, está forjando asimismo un nuevo teatro enraizado a la pureza, aquella que surge de la palabra y que, en alianza con la acción, genera no únicamente meras representaciones, sino vivificaciones poéticas de creaturas humanas en la infinitud de la esperanza y en la concreción del escenario.

Esto mismo ha sido desarrollado con eficacia por Ángel Norzagaray al dirigir El cazador de gringos en Baja California, donde el tono tragicómico avanza hacia la consecución de una incisiva y descarnada mirada al mundo del desarraigo, la alienación y la marginalidad cultural. Y esto mismo pudo vislumbrarse en el montaje de Víctor Castillo a Roma al final de la vía en Sinaloa, aun cuando la encomienda actoral no haya podido surtir el efecto que se requería para esos dos personajes conmovedores propuestos por la mente audaz de Serrano y que Castillo no supo cohesionar con la fuerza interpretativa necesaria.

Porque, tanto en Cazador… como en Roma…, la exigencia actoral es tan vibrante y contrastada que de pronto, en ambos montajes, los actores no han podido sacarle el jugo necesario a sus intervenciones, ni aun con la puntillosa dirección de Norzagaray y menos con la endeble puesta de Castillo. Y sin embargo, el de Daniel Serrano es un teatro que exuda verdad, consistencia y compromiso ético, estético y moral. Dramaturgo de esencia mexicana y espléndido dominio del tempo dialógico, Daniel Serrano es ni duda cabe una de las voces más relevantes y decisivas de nuestra actual literatura dramática.

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